Opinión y Noticias Externas — 29 noviembre, 2010 at 12:15 pm

Y, por fin, en Dharamsala (exilio tibetano) encontré la paz

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Por fin mi corazón encontró la paz en este viaje. Dharamsala, el hogar del exilio tibetano, es uno de esos lugares donde te sientes en casa nada más llegar. En mi memoria están otros pequeños paraísos que me cambiaron la vida: Galway (Irlanda), Baracoa y Trinidad (Cuba), Salvador y Alto Paraíso (Brasil), Livingstone (Guatemala), Asís (Italia), Choroní y Santa Elena de Uairén (Venezuela), Mompóx y Taganga (Colombia)… Estos lugares y estos viajes han sido la herramienta que me ayudó a desprogramar mi mente de la deshumanizada vida occidental y volver a conectarme con la esencia de quien soy: sin los viajes, no sería el que veis. Realmente pienso que, por encima de cualquier técnica espiritual o curso de desarrollo personal, el viaje es la prueba de fuego para sacar a la luz quién eres en realidad. Al margen de lo que se pueda pensar sobre cualquier religión (incluido el budismo tibetano) sin duda que la atmófera budista impregna de paz este ya de por sí privilegiado lugar del Planeta, donde los viajeros abiertos a la conversación procedentes de occidente se mezclan con los chinos, indios, exiliados tibetanos… Un batiburrillo planetario en el que compartir información y alucinar con lo extendida que está la información. Anoche conversaba al calor de una hoguerita con un artesano indio, otro cachemir y dos más tibetanos sobre el 2012, el hastío de los políticos y el mundo por venir… ¡El centésimo mono está funcionando! ¡Tenemos las mismas conversaciones y ya hay bastante gente parece estar preparada para el Gran Cambio!
El amigo cachemir logró tranquilizar el corazón al saber que lo que pagué por el viaje a Cachemira era un buen precio, así que he hecho las «paces» con mi amigo Gulam (podéis verle más abajo) y vuelvo a confiar en la Humanidad.
Mientras leo las noticias sobre la desclasificación de documentos de wikileaks (que siguen sin sorprenderme mucho, la verdad, todo el mundo sabe que una de las labores de las oficinas diplomáticas es la obtención de información, véase, espionaje), empiezo a sentir esa paz que nace de la conexión con la naturaleza y las almas humanas.
Poco a poco, todo el trabajo de estos once años dedicado a la investigación encuentran su fruto al ver cómo la semilla ha florecido y el momento para la llegada de un nuevo sistema monetario que libere a la Humanidad de tanto sufrimiento (tendríais que ver a las mujeres indias de las clases más bajas trabajar hasta la noche llevando sacos en su cabeza: ¡uffff) siento que se acerca. Mañana veré al Dalai Lama, aunque, con sinceridad, el ambiente que me gusta es el de la calle, hablando con la gente «normal».
Apuntad Dharamsala en vuestras agendas: os encantaría. Más abajo, algunas fotos de la Cachemira y después, de los primeros días en Dharamsala. La niña que aparece al principio es Iqra, la nieta de Gulam que me alegró con sus juegos y travesuras esos días en Cachemira. En unos días la veréis bailar en un pequeño vídeo que le hice. ¡ÍNDIGO TOTAL! ¡No veáis lo revoltosa que era!

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Este es Gulam, recibiéndome en el aeropuerto de Srinagar
Este es Gulam, recibiéndome en el aeropuerto de Srinagar

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