Media — 16 abril, 2019 at 5:13 pm

“Azotes de nuestro tiempo”: una memorable colección de “zascas” sobre la inmensa tontería de nuestro tiempo

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Os juro que llevaba tiempo esperando que alguien se atreviera a describir en un libro la inmensa tontería que padecemos en este loco mundo en el que vivimos.
Y ese libro, por fin, ha aparecido. Se llama “Azotes de nuestro tiempo” y, como digo en el titular, es la mayor colección de “zascas” que hayáis leído nunca, y lo vais a comprobar vosotros mismos, con un capítulo que su autor, Max Romano, me ha permitido reproducir.
Ridiculizar la sociedad de nuestro tiempo requería, no sólo alguien con un sentido común de proporciones bíblicas, sino una capacidad expresiva, a la altura de tamaña gesta; no hubiera valido alguien que se deleitara con metáforas y ripios narcisistas, no, hacía falta alguien que no gastara ni una palabra de más para describir el absurdo cósmico al que llegó la sociedad humana en este siglo XXI.
Os aseguro que si el contenido de este libro hubiera sido de mi agrado pero la forma no estuviera a la altura, no gastaría tiempo para recomendarlo, pero es que este tipo escribe a base de “espadazos”, rebanando pescuezos como en una gesta de Blas de Lezo. Capitulitos cortos, en los que verás reflejada tu opinión, con unas argumentaciones absolutamente irrefutables: “¡ZASCA!”, “¡TOMA!”, “¡OTRA!”. No para….
Absolutamente épico. El capítulo sobre las maquinitas, el de la educación, el de los niños… En fin, creo que estamos ante una obra histórica, que será recordada como la mejor descripción de esta sociedad. Lo podéis encontrar en Amazon o en el siguiente enlace.

ESTÚPIDOS Capítulo estúpidos

ESTÚPIDOS

Todos llevamos un estúpido dentro. Compañero entrañable sin duda, pero al que no debemos permitir que se tome demasiada confianza.
Aforismos del Oso
Todos los que parecen estúpidos lo son, y además lo son la mitad de los que no lo parecen.
Francisco de Quevedo
Como esos insectos que no hay forma de extraer fuera del orificio en que habitan, no hay modo de desalojar al tonto de su tontería.
Ortega y Gasset
Nunca discutas con un estúpido, te hará descender a su nivel y ahí te vencerá por experiencia.
Mark Twain

El pulso de la sociedad

2013
Estados Unidos – Una tetera que recuerda a Hitler desata un escándalo, los judíos se sienten ofendidos, la publicidad se retira, la tetera se agota y alcanza precios astronómicos.

2014
Alemania: Joven se hace un agujero en la mejilla como piercing extremo para que se vean sus dientes.
España: Ordenan retirar tulipanes en el jardín de un ayuntamiento porque tienen los colores de la bandera nacional.
Estrella del pop de gasta 140.000 euros en las vacaciones de sus perros.
Eso sí que es maltrato animal

Reino Unido: Activistas denuncian como racista a una firma de cosméticos por vender una crema para blanquear la piel.
¿Y por qué no denuncian como racistas a los clientes de la crema, presumiblemente negros y otros coloreados que se quieren blanquear la piel? O mejor como idiotas, pero si esto fuera denunciable el mundo entero sería una prisión. Por cierto que nadie ha denunciado nunca las cremas bronceadoras para oscurecer la piel como racistas. ¿Será esta última consideración racista en sí misma? Mucho me temo que sí, para alguien.
Reino Unido: Mujer se casa con ella misma por no encontrar a nadie mejor.
La metáfora misma de la mujer moderna: no hay nadie que la aguante pero ella no soporta estar sola. De cualquier manera su vida conyugal con toda probabilidad será un infierno, sin que tenga la posibilidad de divorciarse ni desplumar al cónyuge.

2015
Gibraltar: Una turista británica denuncia a dos monos por agresión sexual.
Es que la mujer ya denuncia por cualquier cosa porque está acostumbrada a que le den siempre la razón, pero aunque la mona se vista de seda…
España: Retiran de un museo taurino las medallas de un histórico rejoneador que le fueron otorgadas durante el franquismo.
Estupidez y sectarismo político: una combinación explosiva.
Suecia: Cambian el nombre común de ciertos pájaros por tener connotaciones racistas.
Los antirracistas golpean de nuevo desde una dirección inesperada. Es que uno nunca sabe por dónde le va a salir un estúpido genuino. Son imprevisibles y letales.
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Este es un tema de dramática actualidad y de gran impacto en la vida de todos nosotros, además de ser un factor de primera importancia en la dinámica histórica y la aventura humana, tanto en lo grande como en lo pequeño.
En este país no cabe un tonto más…la madre de los imbéciles está siempre embarazada…es mil veces mejor un malvado que un tonto…son frases hechas y perlas de sabiduría popular, que muestran claramente cómo la cuestión estúpidos ha estado siempre a la orden del día. La breve introducción a este capítulo, con la infame sección El Pulso de la Sociedad contiene un muestrario lamentable y mínimo, porque podrían llenarse volúmenes enteros con tales episodios. Pero para ser algo más precisos y rigurosos, encuadremos la cuestión científicamente, enunciando las dos Leyes de Sociología del Oso:
1ª Ley. La estupidez no se crea ni se destruye, sólo se transforma.
2ª Ley. La proporción de estúpidos es una constante universal, invariante en las culturas y las razas humanas.
De aquí se pueden extraer varios corolarios. El más importante de ellos es la imposibilidad de eliminar la estupidez: por lo tanto, como es imposible eliminarla, se hace necesario gestionarla. Asimismo limita el campo de validez de los intentos educativos, que en su veleidad de eliminar la estupidez lo que suelen hacer es crear y alimentar una particular forma especialmente perniciosa, la estupidez inteligente. Pero sin entrar en estas finezas, que serán el tema de otro Azote, los educadores deben reconocer que el campo de eficacia de la educación es limitado, y lo mejor a que se puede aspirar es a una transformación positiva y útil de la estulticia, convirtiendo la tontería bruta en un producto utilizable por la sociedad.
Si bien no varía la proporción de estúpidos, lo que sí puede cambiar en la sociedad –y de manera espectacular- es la posición que ocupan los estúpidos, su visibilidad y su influencia en el conjunto. El reparto de la cantidad social disponible de majadería puede tener muchas variantes y no entiende de clases sociales.
En efecto podemos, incluso, enunciar tentativamente una Tercera Ley que se ha cumplido siempre de manera aproximada:
3ª Ley (Ley Fuerte de la Estulticia). La proporción de bobos es una constante dentro de cada clase social, cada raza y cada nivel de agregación, en una invariancia de escala que va desde la Comunidad de Vecinos a la Nación.
De los principios apenas enunciados parecería deducirse que la estupidez es un fenómeno limitado, fisiológico, sujeto a límites naturales y que ocupa su lugar como cualquier otra cosa. ¿Por qué, entonces, la incontenible inundación de estupidez que nos aflige como una plaga bíblica? ¿Por qué, entonces, insensatos y mentecatos haber tomado el control de la sociedad y estar en todas partes?
Es una cuestión difícil pero todo tiene su explicación. Hay que observar que hoy, sin lugar a dudas, la estupidez obra soberana y libre de ataduras, campa a sus anchas y ocupa posiciones de poder en medida mucho mayor que en el pasado. Una auténtica inundación que ha de tener su origen, según las Leyes antes enunciadas, no en un aumento global de los estúpidos sino sencillamente en que las fuerzas los mantenían en su sitio han dejado de funcionar.
Es decir, que no hay más estúpidos que en cualquier otra época, pero hoy en día están todos arriba, o al menos una parte desproporcionada de ellos, con lo cual la 3ºLey viene a menos, pues en las altas esferas la proporción de mentecatos ha superado con mucho su nivel natural y fisiológico.
En otras palabras, estamos ante una incapacidad total de la sociedad de poner en su lugar a los majaderos, porque los mecanismos de defensa que lo permitían han sido desactivados y se han vuelo inoperantes. Se lo debemos en gran medida, esto último, a la desaparición de esos diques de contención que representaban el Pudor, la Vergüenza y la Decencia (en sentido general y no solamente sexual), como también al estado de aturdimiento y superficialidad que se difunde como una mancha de aceite, con la consecuente falta de una verdadera Conciencia Humana, sólida y centrada.
En efecto el bobo es, con mucha frecuencia y en muchos sentidos, no sólo un sinvergüenza indecente sino además impúdico e inconsciente.
Un fenómeno paralelo que merece ser estudiado es la disminución de la inteligencia media, que tiene detrás motivos sea genéticos que ambientales. Sin embargo no está clara la relación de esto con la difusión de la figura del estúpido, porque que la estulticia en el sentido profundo y casi metafísico, de la que nos ocupamos aquí, es distinta del tipo de inteligencia que puede ser medida: esa inteligencia de tipo lógico, matemático y combinatorio que corresponde a los laboriosos juegos mentales usados para medir el Cociente Intelectual.
En efecto, podemos tranquilamente encontrar personas que tienen sabiduría, rectitud y profundidad de juicio pero no brillan según las medidas psicométricas o los criterios de la utilidad o la moda actual. Viceversa, el mundo está lleno de representantes de la estupidez inteligente, auténticos bobos brillantes y necios abismales con un alto Cociente Intelectual. La estupidez tiene una exquisita naturaleza propia que se resiste a ser encuadrada con precisión en criterios cuantitativos y objetivos.
Tiene también, la necedad, un fuerte carácter contagioso y una tendencia irresistible a auto-legitimarse, cuando observa que se sale con la suya impunemente.
Dicho todo lo anterior e intentando sacar una conclusión, en definitiva creo que debemos buscar la motivación profunda, la raíz del Imperio de la Estulticia, en la atmósfera igualitaria que corroe y borra diferencias y criterios de valoración. Y más profundamente aún, en la decadencia del principio soberano dentro del hombre, en la abolición de los puntos de contacto profundo con la vida y el universo, que son el anclaje de la inteligencia y la rectitud mental frente al asno que todos llevamos dentro.
Asno que en cuanto siente aflojarse sus ataduras, inmediatamente se agita y las rompe; empieza a dar coces y a rebuznar, primero dentro de nuestra mente y luego fuera de ella, cabalgando felizmente por el ancho mundo y uniendo su voz a la gran sinfonía cacofónica de rebuznos que se despliega ante nuestros ojos.
Desembridada, libre y al viento, la horda de estúpidos arrasa con todo como un ejército nefasto y corrosivo, al lado del cual el proverbial Atila y su caballo parecen algo casi inofensivo.

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