Economía, General — 20 noviembre, 2009 at 12:12 pm

El timo del Tratado de Lisboa reproduce el de la Reserva Federal

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Por Etienne Chouard: (Art 104 du traité de Maastricht: http://www.dailymotion.com/video/x6qay0_maastricht-article-104_news )

Existe un mecanismo esencial que descubrí este año. Incluso empiezo a ver en él el núcleo de la trampa, el diamante central, el motor de nuestra impotencia… Se trata del artículo 104 de Maastricht (que se convirtió en el artículo 123 del Tratado de Lisboa).

Dice lo siguiente: «Los Estados ya no pueden obtener préstamos de sus bancos centrales». Para los simples mortales eso resulta incomprensible. ¿Qué quiere decir eso? Desde hace siglos los Estados han dejado parte de su poder para crear moneda en manos de los bancos privados. Los bancos han obtenido de los gobernantes –mediante la corrupción, por supuesto– el derecho (fundamental) de crear la moneda.

Pero, hasta hace poco (hasta 1974, en el caso de Francia), los Estados por lo menos compartían aún con los bancos privados el derecho de crear la moneda. Cuando un Estado necesitaba dinero para construir vías férreas, viviendas u hospitales, el Estado creaba por sí mismo su moneda, y no tenía que pagar intereses durante los reembolsos. Mantenga la atención y no olvide eso que es el aspecto crucial, el que le condena a usted a trabajar sin descanso en provecho de los que cobran rentas sin hacer nada.

El Estado creaba la moneda de la manera siguiente: El Estado obtenía un préstamo de su banco central (que fabricaba moneda con ese objetivo) y, a medida que el Estado reembolsaba ese préstamo, el Banco Central destruía ese dinero, ¡pero sin que el Estado tuviera que pagar intereses!

En Francia, desde 1974, en la época de la llamada “serpiente monetaria europea”, el Estado –seguramente al igual que en los demás países europeos– se prohibió a sí mismo el recurrir a los préstamos de su propio banco central y se privó por tanto a sí mismo de la creación monetaria. Por consiguiente, el Estado (o sea, ¡nosotros todos!) se obliga a sí mismo a pedir prestado a instituciones privadas, a las que tendrá que pagarles intereses, lo cual hace que todo se encarezca. ¿En interés de quién? ¿En interés de todos? ¿No me diga?

Observe que, precisamente a partir de 1974, la deuda pública ha ido en aumento constante, al igual que el desempleo. Yo afirmo que hay un vínculo entre ambas cosas.

Pero eso no es todo. Desde 1992, con el artículo 104 del Tratado de Maastricht, esa prohibición de que los Estados puedan crear moneda se elevó al más alto nivel del derecho, internacional y constitucional. O sea que se hizo irreversible, y se puso fuera del alcance de la ciudadanía. Eso no se dijo claramente. Se dijo que en lo adelante estaba prohibido recurrir a préstamos del Banco Central, lo cual ni es honesto ni está claro y no permite que la gente entienda.

Si el artículo 104 dijera que «Los Estados ya no pueden crear moneda. Ahora tienen que pedir préstamos a las instituciones privadas pagando a estas intereses que los llevan a la ruina y que encarecen tremendamente las inversiones públicas, pero que han felices a los ricos que viven de sus rentas, a los propietarios de los fondos de préstamos», habríamos tenido una revolución.

Ese escandaloso robo le cuesta a Francia alrededor de 80 000 millones al año (*) y nos va arruinando año tras año. Pero ya no se puede hacer nada. Ese tema debiera ser centro de todas nuestras luchas sociales, debiera servir de punta de lanza de la izquierda y de la derecha republicanas. En vez de eso, nadie lo menciona. Es deplorable.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=63405