General, Política actual — 7 noviembre, 2013 at 9:12 am

El origen maya del fútbol, extraído del libro «Caminarás con el sol»

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Tekun no respondió de inmediato, se quedó con la mirada
perdida. Ya conocía esa actitud, así que continué con mi trabajo
sin esperar respuesta.  —Esta mañana han llegado tres heraldos cocomes de la
ciudad de Chichén —dijo pasado un rato.
Me detuve, bajé el hacha y esperé pacientemente a que
continuara.
—Venían a ver al halach uinic, a abogar por un acuerdo en el
conflicto que mantenemos con los tutul xiúes.
—¿No están ellos también en guerra?
Una sonrisa irónica se apuntó en su rostro.
—Han decidido que el asunto con los mexicas es un hecho
aislado. Nosotros llevamos años peleando con los xiúes.
—¿Y qué quieren?
—Que solventemos nuestras diferencias en un juego de
pelota.
Lo miré con extrañeza. El único juego de pelota que yo
conocía era el que se jugaba contra los muros de las iglesias en mi
tierra, y aunque admitía apuestas, nadie sensato recurriría a él
para dirimir un tema como la guerra y la paz.
—¿De pelota., pelota? —pregunté incrédulo—. ¿Jugáis a la
pelota?
—Es un antiguo rito, una conmemoración del juego en el que
Hunahpú e Ixbalanqué derrotaron a los demonios del inframundo.
La explicación me dejó igual que antes.  —¿De qué trata el juego? —insistí tímidamente.
—Del principio del tiempo, de la lucha de la luz contra las
tinieblas, el día contra la noche. En cada juego de pelota se
reproduce el desenlace del enfrentamiento entre Oxlahuntikú y
Bolontikú, lo que vive sobre la tierra y lo que mora bajo ella.
Seguía sin entender gran cosa, pero tan pensativo estaba
Tekun, tan lejos de nuestra charla, que no quise insistir.
—¿Aceptará el halach uinic?
—Ya lo ha hecho. Consultó al ah kim, que se retiró al templo
para arrancar una respuesta a los dioses. El espíritu que habita
sobre las vigas del techo le ha dicho que nos son propicios, así que
ya está fijada la fecha del encuentro.
Mantuvo un nuevo silencio, era su forma de subrayar algo.
—Formarás parte del séquito. Taxmar tiene confianza en ti.
Aquello era un gran honor, pero no dije nada. Tekun se
sentía incómodo cuando alguien manifestaba alegría o gratitud.
—No me has dicho cuándo será el encuentro.
—Dentro de veintiséis días. A partir de mañana, el ah kim ha
decretado continencia y ayuno.
Pensé que todo estaba dicho, e hice amago de volver a
trabajar.

Hace sólo unos días, una publicidad de Samsung protagonizada por el ex futbolista Beckenbauer planteaba un partido de fútbol «por la supervivencia» de la humanidad entre extraterrestres y humanos, a la manera de la película «Evasión o victoria». Al día siguiente de publicarlo, me escribe Gustavo desde Alemania para enviarme un extracto del libro  «Caminarás con el sol» en el que se describe la razón profunda del juego de la pelota que, como verás, coincide a la perfección con la paranoia propuesta por la firma Samsung. Es muy probable que los sacerdotes que estudiaron las culturas mesoamericanas re-inventaran el juego de la pelota/fútbol a la luz de este conocimiento olvidado.

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Tekun no respondió de inmediato, se quedó con la mirada  perdida. Ya conocía esa actitud, así que continué con mi trabajo  sin esperar respuesta.

—Esta mañana han llegado tres heraldos cocomes de la ciudad de Chichén —dijo pasado un rato.

Me detuve, bajé el hacha y esperé pacientemente a que continuara.

—Venían a ver al halach uinic, a abogar por un acuerdo en el  conflicto que mantenemos con los tutul xiúes.

—¿No están ellos también en guerra?

Una sonrisa irónica se apuntó en su rostro.

—Han decidido que el asunto con los mexicas es un hecho

aislado. Nosotros llevamos años peleando con los xiúes.

—¿Y qué quieren?

—Que solventemos nuestras diferencias en un juego de  pelota.

Lo miré con extrañeza. El único juego de pelota que yo  conocía era el que se jugaba contra los muros de las iglesias en mi  tierra, y aunque admitía apuestas, nadie sensato recurriría a él  para dirimir un tema como la guerra y la paz.

—¿De pelota., pelota? —pregunté incrédulo—. ¿Jugáis a la  pelota?

—Es un antiguo rito, una conmemoración del juego en el que Hunahpú e Ixbalanqué derrotaron a los demonios del inframundo.

La explicación me dejó igual que antes.

—¿De qué trata el juego? —insistí tímidamente.

—Del principio del tiempo, de la lucha de la luz contra las  tinieblas, el día contra la noche. En cada juego de pelota se reproduce el desenlace del enfrentamiento entre Oxlahuntikú y Bolontikú, lo que vive sobre la tierra y lo que mora bajo ella.

Seguía sin entender gran cosa, pero tan pensativo estaba Tekun, tan lejos de nuestra charla, que no quise insistir.

—¿Aceptará el halach uinic?

—Ya lo ha hecho. Consultó al ah kim, que se retiró al templo para arrancar una respuesta a los dioses. El espíritu que habita sobre las vigas del techo le ha dicho que nos son propicios, así que ya está fijada la fecha del encuentro.

Mantuvo un nuevo silencio, era su forma de subrayar algo.

—Formarás parte del séquito. Taxmar tiene confianza en ti.

Aquello era un gran honor, pero no dije nada. Tekun se

sentía incómodo cuando alguien manifestaba alegría o gratitud.

—No me has dicho cuándo será el encuentro.

—Dentro de veintiséis días. A partir de mañana, el ah kim ha decretado continencia y ayuno.

Pensé que todo estaba dicho, e hice amago de volver a trabajar.