Salud — 5 junio, 2020 at 7:36 am

La polémica sobre la validez de un estudio científico que afirmaba que la hidroxicloroquina es peligrosa levanta la corrupción en las revistas científicas y, por extensión, en la propia ciencia

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La gravedad de los hechos dentro de la comunidad científica que se están desarrollando en estos días es tal, que merecería que le dedicara un artículo larguísimo pero, lamentablemente, hay otros asuntos todavía más importantes que demandan mi atención, por lo que me voy a limitar a haceros un resumen de lo que está aconteciendo, y a ofreceros con los consiguientes links a artículos en inglés y francés, con lo que comprenderéis las dimensiones del asunto.
Seguro que en los últimos días habréis escuchado la polémica en torno a la hidroxicloroquina, cuyo uso fue negado desde enero por Fauci y la OMS y que, más tarde, a través del médico francés Didider Raoult y el apoyo que Q y Trump le han dado, la OMS cambió de opinión, recomendando su uso y, al poco, nuevamente modificó su postura, apoyado en un artículo aparecido en la revista Lancet, que decía que aumentaba la mortalidad.
Pues bien: lo que ha ocurrido es que ese artículo supuestamente científico se apoyaba en datos estadísticos de una empresa cuasi fantasma, con fundados vínculos con la farmacéutica Gilead (que apoya un medicamento rival, y más caro), y la revisión de los datos en los que se apoya ese artículo publicado en la revista Lancet ha generado una gran indignación por lo poco científico del artículo, de resultas de todo lo cual, hay una gran controversia ahora mismo en el mundo científico sobre la nula independencia de las revistas científicas, habiéndose publicado su dependencia de fundaciones y grandes empresas del sector farmacéutico y financiero.
En definitiva: que ahora entendemos la insistencia de Q y Trump en torno a la hidroxicloroquina porque está constituyendo un auténtico jaquemate a la ciencia oficial y la OMS, pues es un medicamento conocido hace cien años, que se utiliza habitualmente, y la censura de sus propiedades está evidenciando que existe una censura por parte de las revistas científicas, encaminada a favorecer a la industria farmacéutica.
Con seguridad, no lo leerás en la prensa oficial, pero este asunto es de una gravedad y una trascendencia tal, que está originando una crisis en el propio modelo científico, que nace con la revolución francesa de 1789.

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